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RESEÑA:
LOS LÍMITES DE LA EDUCACIÓN
Nada queda sin nombrar, en efecto, y es ésta precisamente la primera de las virtudes de esta obra por otra parte apasionante. ¿Quién no se ha dado a todos los diablos en alguna ocasión al intentar descifrar la jerigonza de la moderna (y ya rancia) pedagogía? ¿Quién no se ha deseperado al presenciar uno de los cotidianos alardes de camuflaje que las autoridades, públicas o privadas, proceden a realizar ante cualquier conflicto escolar que es dado al conocimiento público? Mercedes Ruiz, apoyada precisamente en su condición de "licenciada en pedagogía allá por los años setenta" y, sobre todo, en sus diecisiete años de experiencia como docente, se atreve a pisar el suelo de la realidad y a llevarnos con ella; y en ese suelo es donde habitan los alumnos (¿"educandos"?) sobre los cuales pretende versar esa pedagogía hegemónica siempre oscilante "entre el espíritu y la varianza". Nunca se propone expresamente confeccionar un diccionario Pedagogía-Castellano, pero la obra lo contiene. No quiere ser Los límites de la educación un tratado sobre el nefasto relativismo cultural hipertrofiado de la postmodernidad, pero se podría componer ese tratado ordenando de otro modo su texto. No es esta obra un exabrupto, un panfleto, o una descarga meramente emocional, pero indudablemente hay en su origen una indignación, una propuesta y una intención de combate absolutamente dignos de lo mejor de nuestra tradición intelectual. ¿Estamos ante una obra revolucionaria? Es pronto para afirmarlo. Sí, desde luego, el calificativo de "progresista" parece adquirir un significado pleno al atribuírselo, lo que en su día fue considerado como tal en ese mundo pedagógico ha quedado evidentemente herrumbroso, y a la vista está (pero atreverse a decirlo es otra cosa) que desde hace años se desliza pendiente abajo y arrastra a los alumnos hacia un extraño territorio en el que el tema "El Buzón de Correos" ha sustituido a "Los Mamíferos", y las dos semanas de preparación de las fiestas de carnaval a Cervantes. Mercedes Ruiz es la primera voz que protesta en público con las mismas palabras que entantas reuniones privadas se pueden oír; también ella se pregunta por qué sólo en reuniones privadas. Sentíamos la necesidad de una obra como Los límites de la educación desde hace años; por fin parece haber vida inteligente en la pedagogía; por fin alguien propone una Pedagogía del Contenido. Su perfecta prosa, en ocasiones incluso hilarante, tiene además la virtud de expresar todo aquello que al ser leído es asumido por el lector como pensamiento propio. Nada más fácil que contagiarse del criticado al tratar asuntos como el concepto de "autoridad", o el de "metodología", o tantos otros. Sin embargo, lejos de reproducir los vicios y las vacuas pedanterías homicidas, Ruiz consigue hacer de todo ello materia de sentido común. Probablemente habría que acabar con las típicas maledicencias acerca de éste y recuperarlo para la enseñanza en la medida en que lo propone la autora. Sobre esa base, ella cree que todavía es posible la enseñanza. Cualquier lector de Los límites de la educación se incorporará a esa esperanza. |
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